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Los trabajadores ya no cotizan suficiente para cubrir las pensiones y subsidios

Lo que la Seguridad Social cobra a los afiliados, tanto trabajadores como empresas que cotizan, no basta para pagar las pensiones de jubilados y desempleados. ¿De dónde saldrá el dinero que falta?

Ya hay en España tantos parados y jubilados que ellos solos se llevan todo el dinero que la Seguridad Social recauda de quienes trabajan y cotizan. Las cotizaciones a la Seguridad Social se reparten entre la empresa y el trabajador en el caso de los empleados por cuenta ajena. El trabajador cotiza pagando con una parte de su nómina, la empresa por su parte ingresa a la Seguridad Social una cantidad por cada trabajador que tenga contratado. Los trabajadores por cuenta propia o autónomos funcionan de otro modo, ya que pagan íntegramente de su bolsillo la cotización a la Seguridad Social.

Ésta es la principal fuente de ingresos para la Seguridad Social, y generalmente ha sido suficiente para pagar las pensiones contributivas, esto es, las jubilaciones y las prestaciones por desempleo.

Una pensión no es mas que un seguro social que algunos estados ofrecen a sus ciudadanos. En España se trata de un seguro obligatorio, ya que todos estamos obligados a pagarlo y todos tenemos derecho a beneficiarnos de él. Se gestiona mediante una autoridad pública, en nuestro caso la Tesorería General de la Seguridad Social. Este seguro ofrece dos tipos de pensiones.

Por un lado están las pensiones contributivas, que son aquellas que el trabajador se ha ganado mediante sus aportaciones periódicas, llamadas cotizaciones, por su trabajo a lo largo del tiempo. Estas pensiones contributivas son básicamente dos: la pensión por la jubilación y la prestación por desempleo, que se puede cobrar cuando un trabajador pierde su trabajo de forma involuntaria.

Por el otro lado están las pensiones no contributivas, que son las que el estado ofrece como garantía social, y no han sido directamente pagadas por el beneficiario. La más conocida de éstas pensiones son la viudedad, aunque existen varias más, como la pensión por orfandad o pensiones alimenticias.

Los sistemas de pensiones son una de las principales prioridades de los estados del bienestar, y en España se están viendo seriamente dañados debido a la crisis económica. Las pensiones contributivas son el principal gasto para la Seguridad Social y de ellas, las pensiones por desempleo se han multiplicado por dos desde los comienzos de la crisis. Además, estos dos millones de parados adicionales ahora cobran, mientras que antes pagaban, por lo que la Seguridad Social también ha visto reducidos sus ingresos de forma sustancial.

Este escenario ha planteado un caso único en la historia moderna de la Seguridad Social española: por primera vez se gasta más de lo que se ingresa. Una situación claramente insostenible que no puede perdurar. Seguro que se tomarán medidas en los próximos meses. Por el momento ya se han eliminado las ayudas de 426€ a los trabajadores que agotan las prestaciones por desempleo. También se persigue una reforma de las pensiones por la cual nos tendremos que jubilar a los 67 años, o incluso a los 70 años, según apuntan algunos expertos.

El siguiente paso puede ser incrementar las bases de cotización, de manera que recaiga de nuevo sobre la clase trabajadora pagar los efectos de la crisis económica.

El desempleo se empezó a notar desde los comienzos de la crisis a mediados de 2007 y desde entonces no ha dejado de aumentar. Muchos desempleados han llegado ya a agotar toda la prestación por desempleo y la situación del mercado laboral no evoluciona favorablemente, por lo que las dificultades para encontrar trabajo siguen.

Aunque el Gobierno hace tímidos intentos para reciclar a estos desempleados mediante programas de Formación Profesional, éstos no están siendo efectivos por el momento y la situación no parece que vaya a mejorar a corto plazo. Y es que uno de los principales problemas, es que muchos de estos desempleados son mayores de 50 años y se han dedicado toda su vida a un mismo sector profesional, su dificultad para seguir un plan de formación y adaptarse a un nuevo trabajo es mucho mayor que la de un joven y ocasiona serios problemas tanto a éste colectivo como a las empresas, que se resisten a contratarlos. —Equipo de redacción

20 de Enero de 2011